DÍA DE TRASLADO Y CALCETINES PERDIDOS

Tras trasnochar, nos levantamos aun con la resaca del subidón de la última noche llena de risas, confidencias y buena música.
Nos levantamos a ritmo slow dando la bienvenida al grupo que llega de Barcelona con Bernat, se han dado un buen madrugón sus caras le delatan.

Tras un espléndido desayuno con riquísimas tortillas-crepes, hechas por Peter y unos suculentos bocadillos , nos disponemos a intentar que toda la ropa desperdigada por las habitaciones vuelva a caber en nuestras maletas. Calcetines, camisetas y pantalones extraviados que poco a poco van encontrando su dueño. Después de hacer diferentes series de fuerza para lograr cerrar las maletas, llega el momento de la entrega de diplomas y premios varios.

Empezamos el acto presentando a las nuevas incorporaciones para el campus de alemania: CLAUDIA ORTIZ, AREY LÓPEZ y ENRIC SIMÓ. Después empezamos con la entrega de premio. El primero para los dos grupos que lograron completar la gimkana en lengua inglesa por el centro de Denbosch. El segundo destinado a los ganadores de la Duatlón realizada por el precioso lago de Osterplaas Aprovechamos también para hacer una pequeña evaluación sobre todo lo que hemos aprendido a lo largo de esta semana y las pocas ganas que tienen de volver a casa algunos.

Para comer reponemos fuerzas con pasta fresca, bocadillos y fruta . Cuando llega el autocar lo llenamos con nuestras bolsas y maletas.
Antes de subir al autocar hacemos la foto de familia junto a Toni, el director de la casa. Un gran smile y todos a nuestros asientos.

Salimos dirección al aeropuerto de Eidoven donde nos despedimos del grupo que regresa hacia Barcelona junto a Kiko y Mai. Después seguimos nuestro camino dirección a nuestro próximo destino en tierras alemanas, el precioso albergue Judendherberge Hartr Wold.

Después de merendar Cris, el gerente del albergue, nos da la bienvenida y nos explica las normas que debemos seguir con un fabuloso nivel de castellano. Tiempo para instalarnos, volver a deshacer maletas y para conocer el precioso entorno donde está ubicada la casa. Un rato libre hasta la cena donde devoramos un típico plato bávaro-alemán.

Tras la cena, agradable paseo hasta el pueblo para asaltar la heladería con la agradable sorpresa que los camareros hablan castellano. Bolas de nata, chocolate y limón inundan nuestras mesas y por fin podemos conectarnos asaltando a la camarera para pedirle la contraseña del wiffi.

A la vuelta al albergue entre chistes y canciones nos llevamos un buen susto cuando pasa junto a nosotros un precioso ciervo. Las carcajadas se nos contagian a todos y subimos de puntillas a las habitaciones para no molestar a los otros huéspedes. Buenas noches que mañana retomamos clases y entrenamientos.

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